miércoles, 15 de junio de 2011

El irremplazable placer de recibir una carta de amor vía correo postal



Cuando abro este blog veo ese hermoso sobre rosado que puse en la cabecera y siento mucha nostalgia. La nostalgia de mi adolescencia y de cuando  las personas se comunicaban  por teléfono o por carta únicamente. Bueno, también existían la radio y la tele por supuesto (no soy tan vieja jaja!!) pero no se hacían programas interactivos.
 Recuerdo bien que estas cartas escritas a mano con birome o lapicera "Fuente", colocadas en un sobre viajaban en tren o en avión muchos miles de kilòmetros a veces y recibirlas era toda una fiesta, por ellas uno se enteraba de cómo estaban sus seres queridos en lugares lejanos de nuestro hogar.
 A mí particularmente me llegaban y para hacerlas más nostalgiosas, eran de amor, sí, del chico del que me había enamorado en un pueblito perdido en el Chaco, adonde mi padre tuvo que ir a residir con nosotros, su familia por razones laborales. Estuvimos allí dos años, justamente cuando yo hacía el tercero y cuarto año de la secundaria.
 El tema es que allí me enamoré, y para toda la vida, de un chico que era compañero en la escuela. Lo amaba de la manera que se ama en la adolescencia... verdaderamente... con toda el alma. El tiempo me mostró luego que él sería el amor de mi vida porque pasaron muchos, ya demasiados años diría yo ... y sigo amándolo... pero esa es otra historia.
 El tema es que pasados esos dos años y justamente cuando íbamos a comenzar el tan ansiado quinto año, último de la secundaria, cuando uno sabe que es una bisagra en la vida, porque después la vida se encarga de mostrarnos que hay un antes y un después de la secundaria, bien, justamente en ese año, mi padre tuvo que volver a Buenos Aires y entonces nuestro amor, el de ese chico llamado Juan Carlos y yo se truncó de una manera abrupta y dejó huellas imborrables en mi.
 Lo cierto es que separados y en esos tiempos no teníamos otra manera que comunicarnos por teléfono o por carta, yo teléfono no tenía (en la Argentina de comienzos de los setenta no era común tener teléfono por lo menos en una casa de barrio como era la mía) y por lo tanto no quedaba más que escribirnos haciéndonos promesas de encuentros que nunca se cumplieron pero que llenaban de vida y esperanza a mi existencia juvenil.
 Nos escribíamos semanalmente, una semana yo y la siguiente él me contestaba, recuerdo ese tiempo con nostalgia, unida a la ternura de ser tan jovencitos y también a la tristeza de que ese amor no haya podido realizarse del todo jamás, por lo menos de la manera en que nos prometíamos en aquellos años.
 Pero no quiero disgregarme más, quiero contarles exactamente el objetivo de todo este relato; y es que esas cartas escritas de puño y letra en birome, doblado el papel "como se doblan las cartas de amor" que según él era una manera especial que nosotros realizábamos como una forma de reforzar lo que nos decíamos allí, que nos queríamos y mucho (en ese tiempo no se usaba tanto decir "te amo" como ahora, nos decíamos "te quiero") llegaban a través del viejo Correo Argentino, y transitaban mil kilómetros en tren hasta llegar a nuestras manos traídas por el cartero que con su grito de "caaaarterooooo!!" hacía que mi corazón quisiera salirse del pecho para tomar el mismo la carta.
 Recuerdo esos momentos como los más sublimes de mi vida, pocas veces después he sentido tamaña emoción y alegría, creo que momentos con mis hijas solamente se igualan a éstos en que yo recibía a través del cartero y su particular aviso la carta de amor de mi amor lejano, cargada de las palabras más bonitas que yo recuerde de un hombre en mi vida... palabras de amor verdadero... palabras de amor adolescente... el más puro amor que puede sentir el alma humana hacia su pareja.
 Es cierto que era algo lento, es cierto que también era mucho menos seguro que los mails, pero nadie que lo haya vivido podrá negarme que las cartas, y si eran de amor mejor aún, recibidas de aquel modo tenían un condimento especial que quien vivía aquello no lo olvidaría jamás.
 Con el tiempo supe que él también sentía aquello y también con el tiempo yo como todos me desacostumbré a escribir palabras, frases en cartas de puño y letra y toda la comunicación la hago vía mail o directamente por teléfono, mesenger o mensaje de texto telefónico, todas formas muy rápidas, eficaces y productivas para esta vida alocada de hoy donde prima la eficacia y el ahorro de tiempo a toda otra cualidad, pero ninguna tan placentera, tierna y romántica como la de recibir una carta de amor.