domingo, 4 de septiembre de 2011

Sin palabras


¿Cómo hacer para que a más de un mes vuelvan esas que fueron las últimas dulces y cariñosas palabras de amor?
 ¿Tanto me equivoqué? ¿Tan fuerte fue lo que le dije? No lo creo, creo que malinterpretó la palabra "decepción", que estaba ubicada en un pequeño contexto de una sola conversación, una palabra que fue dicha para esa oportunidad y ese comenario  que él hizo sobre lo que yo le estaba contando. Entiendo que atribuyó la palabra a toda nuestra relación y eso no fue dicho de ese modo.
 Ahora sí estoy decepcionada de todo, ahora sí me decepciona todo lo que vivimos y su propia actitud actual, porque no considera nada, absolutamente nada de todo lo que lo he amado y de todo lo que le he demostrado en estos años sobre mi amor. No considerarlo como una prueba de todo lo que lo amo es justamente una gran decepción y por eso, espero no volver a claudicar y no llamarlo nuevamente.
 Lamentablemente hoy no existen palabras entre nosotros, de esto hizo ayer un mes.

viernes, 29 de julio de 2011

Magia


Hoy sin embargo me dijo las palabras mas dulces del mundo, me las escribió en un mail y luego me las dijo por teléfono, hoy fue el hombre que siempre soñé.
 Hoy las palabras fueron protagonistas de nuestra historia, hoy ellas, todas ellas, las que él pronunció me hicieron feliz y agradezco al Cielo haberlas oído.
 Hoy pude comprobar que lo que yo había dicho en otra entrada era cierto él tiene una manera especial, distinta de amarme, pero justamente para no perderme está tratando de cambiar y lo está haciendo muy bien!
 Hoy fuimos felices los dos... hoy nos dimos mucho amor y muchas almapalabras....

sábado, 2 de julio de 2011

Mail



Además de todo lo dicho en la última entrada, he llegado a la conclusión que por mail se pueden enviar palabras que jamás hubiésemos escrito en las cartas de papel.
 Es increíble, mientras yo en otro blog estaba escribiendo fantasías románticas respecto a una salida en el día de hoy que está soleado y es sábado... él estaba enviándome por mail un archivo de tan mal gusto, que a veces pienso por qué lo quiero tanto.
 Yo sé que eso que me envió es su manera de tratar de volver a mí, ya que hace tiempo estamos separados, es su modo de acercarse a mí, a través del humor, pero un humor procaz que me recuerda que este hombre no ha terminado de conocerme nunca.
 A una mujer como yo no se le envía "eso" para reconquistarla o quere volver a hablar siquiera con ella, a una mujer como yo se le envían palabras dulces, tiernas, palabras de amor. Aunque no las sienta, si quiere acercarse a mí, con eso lo consigue inmediatamente, de esta forma no, no tengo ganas de que me llame después de esto, pero no se lo puedo decir porque al fin lo comprendo, su capacidad de comprensión del alma humana en general y la mía en particular, debo reconocerlo es absolutamente limitada. La sensibilidad no es su característica, a veces no entiendo cómo siguió una carrera que en realidad en el fondo es artística, aunque claro... él la utiliza como carrera meramente técnica.
 En fin, que me dio mucha alegría ver su nombre en mi lista de mails después de tanto tiempo, y aunque luego me haya decepcionado, lo amo y lo comprendo, es su manera, lo conozco hace años, debo aceptarlo como es, debo valorar que se haya decidido él solito a reiniciar el diálogo, eso es algo que seguramente le costó mucho.
 Así es el hombre que amo y así con estos defectos y otros y con todas sus virtudes lo seguiré amando, porque eso no depende de los valores que tenga la persona, dependen de la propia alma que así siente y uno no puede dominar los sentimientos del alma.

miércoles, 15 de junio de 2011

El irremplazable placer de recibir una carta de amor vía correo postal



Cuando abro este blog veo ese hermoso sobre rosado que puse en la cabecera y siento mucha nostalgia. La nostalgia de mi adolescencia y de cuando  las personas se comunicaban  por teléfono o por carta únicamente. Bueno, también existían la radio y la tele por supuesto (no soy tan vieja jaja!!) pero no se hacían programas interactivos.
 Recuerdo bien que estas cartas escritas a mano con birome o lapicera "Fuente", colocadas en un sobre viajaban en tren o en avión muchos miles de kilòmetros a veces y recibirlas era toda una fiesta, por ellas uno se enteraba de cómo estaban sus seres queridos en lugares lejanos de nuestro hogar.
 A mí particularmente me llegaban y para hacerlas más nostalgiosas, eran de amor, sí, del chico del que me había enamorado en un pueblito perdido en el Chaco, adonde mi padre tuvo que ir a residir con nosotros, su familia por razones laborales. Estuvimos allí dos años, justamente cuando yo hacía el tercero y cuarto año de la secundaria.
 El tema es que allí me enamoré, y para toda la vida, de un chico que era compañero en la escuela. Lo amaba de la manera que se ama en la adolescencia... verdaderamente... con toda el alma. El tiempo me mostró luego que él sería el amor de mi vida porque pasaron muchos, ya demasiados años diría yo ... y sigo amándolo... pero esa es otra historia.
 El tema es que pasados esos dos años y justamente cuando íbamos a comenzar el tan ansiado quinto año, último de la secundaria, cuando uno sabe que es una bisagra en la vida, porque después la vida se encarga de mostrarnos que hay un antes y un después de la secundaria, bien, justamente en ese año, mi padre tuvo que volver a Buenos Aires y entonces nuestro amor, el de ese chico llamado Juan Carlos y yo se truncó de una manera abrupta y dejó huellas imborrables en mi.
 Lo cierto es que separados y en esos tiempos no teníamos otra manera que comunicarnos por teléfono o por carta, yo teléfono no tenía (en la Argentina de comienzos de los setenta no era común tener teléfono por lo menos en una casa de barrio como era la mía) y por lo tanto no quedaba más que escribirnos haciéndonos promesas de encuentros que nunca se cumplieron pero que llenaban de vida y esperanza a mi existencia juvenil.
 Nos escribíamos semanalmente, una semana yo y la siguiente él me contestaba, recuerdo ese tiempo con nostalgia, unida a la ternura de ser tan jovencitos y también a la tristeza de que ese amor no haya podido realizarse del todo jamás, por lo menos de la manera en que nos prometíamos en aquellos años.
 Pero no quiero disgregarme más, quiero contarles exactamente el objetivo de todo este relato; y es que esas cartas escritas de puño y letra en birome, doblado el papel "como se doblan las cartas de amor" que según él era una manera especial que nosotros realizábamos como una forma de reforzar lo que nos decíamos allí, que nos queríamos y mucho (en ese tiempo no se usaba tanto decir "te amo" como ahora, nos decíamos "te quiero") llegaban a través del viejo Correo Argentino, y transitaban mil kilómetros en tren hasta llegar a nuestras manos traídas por el cartero que con su grito de "caaaarterooooo!!" hacía que mi corazón quisiera salirse del pecho para tomar el mismo la carta.
 Recuerdo esos momentos como los más sublimes de mi vida, pocas veces después he sentido tamaña emoción y alegría, creo que momentos con mis hijas solamente se igualan a éstos en que yo recibía a través del cartero y su particular aviso la carta de amor de mi amor lejano, cargada de las palabras más bonitas que yo recuerde de un hombre en mi vida... palabras de amor verdadero... palabras de amor adolescente... el más puro amor que puede sentir el alma humana hacia su pareja.
 Es cierto que era algo lento, es cierto que también era mucho menos seguro que los mails, pero nadie que lo haya vivido podrá negarme que las cartas, y si eran de amor mejor aún, recibidas de aquel modo tenían un condimento especial que quien vivía aquello no lo olvidaría jamás.
 Con el tiempo supe que él también sentía aquello y también con el tiempo yo como todos me desacostumbré a escribir palabras, frases en cartas de puño y letra y toda la comunicación la hago vía mail o directamente por teléfono, mesenger o mensaje de texto telefónico, todas formas muy rápidas, eficaces y productivas para esta vida alocada de hoy donde prima la eficacia y el ahorro de tiempo a toda otra cualidad, pero ninguna tan placentera, tierna y romántica como la de recibir una carta de amor.

domingo, 29 de mayo de 2011

Palabras de amor





El amor comienza cuando lo tuyo y lo mío se transforma en lo nuestro.




Quisiera ser lágrima para nacer en tus ojos, vivir en tus mejillas y morir en tus labios.




Cuando tú naciste se molestaron las estrellas... pero ¿qué culpa tienes tú de haber nacido tan bella?




Aunque nuestro amor esté privado por las fronteras, no te preocupes, porque tú y yo tenemos una misma luna en la que mirar. Tú te acordarás de mí y yo de ti.





Un clavel para un ángel, una rosa para una diosa y un corazón para ti, mi amor.




Hay cosas que no se pueden medir, sin magnitud, tan grandes como el mundo, como el sol que nos alumbra, como el agua que refresca nuestro ser.


Hoy no puedo medir la grandeza del amor que siento por ti muy dentro de mí. Pregúntales a las aves que vuelan libres por el mundo, a los niños que juegan, o a las noches solitarias que consumen nuestros sueños.


Mi corazón se encuentra inquieto en los días que he pasado sin verte.


Grande es la distancia que nos separa, pero eso no impide quererte. Se oye un eco, puedo escuchar tu voz tan suave como la seda.


Recuerdo el día en que te conocí, sentí una inmensa alegría, sentí el aroma y el calor de tu cuerpo cerca del mío, mirando hacia el firmamento las estrellas fugaces, pidiendo el deseo prometido de amarte eternamente…






Para siempre, te amo.

viernes, 6 de agosto de 2010

PALABRAS QUE MATAN

"No te van a querer ni los perros", era la frase que ella siempre usaba para retar a sus hijos cuando se portaban mal. Primero, venía el pellizcón, y después, como de remate, esta frase punzante, aguda. Seguramente, si le preguntan, ella los educó con amor. Y en nombre del amor, dijo frases como estas...


"¿Quién quiere otro choripán?", preguntó Carlos en el cumple de su hija. Ella estaba festejando sus 19 y él se había ofrecido de asador. "¿Quién quiere otro choripán?", insistió. "Vos no, mi amor, que estás muy gorda", fue la frase que disparó delante de todos sus amigos. Ella se puso roja de vergüenza, un nudo enorme le cerró la garganta y no comió más. Se levantó despacio y la soledad de su cuarto adolescente fue el mejor refugio hasta la madrugada del día siguiente. El padre murió preguntándose qué hizo mal esa noche.


"Vamos, no seas mariquita", le dijo su profesor de natación cuando él –que en ese momento tenía 6 años– pidió una toalla al salir de la pileta porque tenía frío. Y todos sus amigos empezaron a reírse. "Mariquita, mariquita", le gritaron. Y el profesor, lejos de hacerlos callar, los alentó. Nunca más volvió a nadar. (Y nunca, en 34 años de vida, apoyó sus labios en los labios de una mujer.)

"Sos un elefante dentro de la clase", le dijo su profesora de Dibujo el primer día del primer año del secundario. Ella venía de un primario impecable, donde Dibujo era su materia preferida. Y era, para hacer honor a la verdad, una joven promesa. Ese año, se llevó Dibujo a diciembre. Volvió a dibujar 28 años después, cuando –terapia mediante– descubrió cuánto la había inmovilizado esa frase.


El Perito Moreno fue el lugar elegido para festejar sus 10 años de casados. Caminata por el glaciar, todos los turistas en hilera para no resbalarse. Ella iba delante; él, detrás. "Tu culo me tapa todo el sol", fue la frase que eligió él para hacer un chiste. Y no entendió por qué esa noche ella se encerró en el baño a llorar.


Son frases que no te matan, pero te marcan para toda la vida. Frases de mierda son. No importa cuántas horas de terapia le dediques a deshacerlas, ellas están ahí... rondando, para reaparecer sin previo aviso. Son frases que, cuando las contás, te parece que estás exagerando, que no pudieron ser así, que quizá las recordás mal... Entonces descubrís la crudeza de esas palabras.


Lo bueno es que un día, porque ese día –créanme– finalmente llega, te sacás uno por uno todos los puñales que te clavaron en el cuerpo y en el alma, te hacés un sana, sana, colita de rana y descubrís que no fueron dichas con odio, que los responsables de escupirnos tamañas frases son seres que cargan, a su vez, con otras frases. Y entonces llega el perdón. Y perdonamos. Más adelante –bastante más adelante– viene la compasión. Es ahí cuando volvemos a sentirnos felices, con ganas de caminar sobre el Perito Moreno más allá del tamaño de nuestro culo, de nadar y gritar: "Tengo frío, traeme una toalla", de hacer una lista con toda la gente que te quiere. Porque no solamente te quieren los perros...

Tratemos de pensar antes de hablar... ya que las PALABRAS QUE DUELEN tardan muchos años en salir del corazón del otro, y hasta a veces no salen... No perdamos tiempo con los que queremos, porque perdonar lleva mucho tiempo... PENSEMOS ANTES DE HABLAR... TRATEMOS DE NO HERIR EL CORAZON DE LOS QUE MAS AMAMOS..."PALABRAS DE AMOR, ALEGRAN EL CORAZÓN"...

miércoles, 28 de julio de 2010

FONTANARROSA Y SU DISCURSO SOBRE "LAS MALAS PALABRAS"

FONTANARROSA EN EL RECUERDO: SU PARTICIPACIÓN EN EL CONGRESO DE LA LENGUA DE ROSARIO
REPRODUCIMOS SU FESTEJADO DISCURSO SOBRE "LAS MALAS PALABRAS"

Las malas palabras

No voy a lanzar ninguna teoría. Un congreso de la lengua es un ámbito apropiado para plantear preguntas y eso voy a hacer.

La pregunta es por qué son malas las malas palabras,¿quién las define? ¿Son malas porque les pegan a las otras palabras?, ¿son de mala calidad porque se deterioran y se dejan de usar? Tienen actitudes reñidas con la moral, obviamente. No sé quién las define como malas palabras. Tal vez al marginarlas las hemos derivado en palabras malas, ¿no es cierto?
Muchas de estas palabras tienen una intensidad, una fuerza, que difícilmente las haga intrascendentes. De todas maneras, algunas de las malas palabras... no es que haga una defensa quijotesca de las malas palabras, algunas me gustan, igual que las palabras de uso natural.

Yo me acuerdo de que en mi casa mi vieja no decía muchas malas palabras, era correcta. Mi viejo era lo que se llama un mal hablado, que es una interesante definición. Como era un tipo que venía del deporte, entonces realmente se justificaba. También se lo llamaba boca sucia, una palabra un poco antigua pero que se puede seguir usando.

Era otra época, indudablemente. Había unos primos míos que a veces iban a mi casa y me decían: “Vamos a jugar al tío Berto”. Entonces iban a una habitación y se encerraban a putear. Lo que era la falta de la televisión que había que caer en esos juegos ingenuos.

Ahora, yo digo, a veces nos preocupamos porque los jóvenes usan malas palabras. A mí eso no me preocupa, que mi hijo las diga. Lo que me preocuparía es que no tengan una capacidad de transmisión y de expresión, de grafismo al hablar. Como esos chicos que dicen: “Había un coso, que tenía un coso y acá le salía un coso más largo”. Y uno dice: “¡Qué cosa!”.

Yo creo que estas malas palabras les sirven para expresarse, ¿los vamos a marginar, a cortar esa posibilidad? Afortunadamente, ellos no nos dan bola y hablan como les parece. Pienso que las malas palabras brindan otros matices. Yo soy fundamentalmente dibujante, manejo mal el color pero sé que cuantos más matices tenga, uno más se puede defender para expresar o transmitir algo. Hay palabras de las denominadas malas palabras, que son irremplazables: por sonoridad, por fuerza y por contextura física.

No es lo mismo decir que una persona es tonta, a decir que es un pelotudo. Tonto puede incluir un problema de disminución neurológico, realmente agresivo. El secreto de la palabra “pelotudo” – que no sé si está en el Diccionario de Dudas - está en la letra “t”. Analicémoslo. Anoten las maestras. Hay una palabra maravillosa, que en otros países está exenta de culpa, que es la palabra “carajo”.

Tengo entendido que el carajo es el lugar donde se ponía el vigía en lo alto de los mástiles de los barcos. Mandar a una persona al carajo era estrictamente eso. Acá apareció como mala palabra. Al punto de que se ha llegado al eufemismo de decir “caracho“, que es de una debilidad y de una hipocresía…

Cuando algún periódico dice “El senador fulano de tal envió a la m… a su par”, la triste función
de esos puntos suspensivos merecería también una discusión en este congreso.

Hay otra palabra que quiero apuntar, que es la palabra “mierda”, que también es irremplazable, cuyo secreto está en la “r”, que los cubanos pronuncian mucho más débil, y en eso está el gran problema que ha tenido el pueblo cubano, en la falta de posibilidad expresiva.

Lo que yo pido es que atendamos esta condición terapéutica de las malas palabras. Lo que pido es una amnistía para las malas palabras, vivamos una Navidad sin malas palabras e integrémoslas al lenguaje porque las vamos a necesitar.

Por Roberto Fontanarrosa




Fuente: wwwgacemail.com.ar